El recurso del “niño interior” nos brinda identidad, en el encontramos memorias, emociones, experiencias de la infancia, que de alguna manera nos marcan emocionalmente, todo lo vivido en la niñez nos forma o repercute en la vida de adultos.

Cuando sea grande me gustaría ser … ¿Piensas en tu niñez? ¿Cómo la recuerdas? ¿A que emoción te lleva?
De esta etapa nos llevamos miedos, palabras que nos crean creencias limitantes y nos condiciona para decisiones futuras, por que el lenguaje crea realidades y las palabras pueden cambiar pensamientos por eso tenemos que ser responsables con el uso de ella.

El objetivo es integrar al niño con ese adulto, reconociendo, validando y aceptando esas heridas y necesidades, proporcionando amor, seguridad y comprensión que no tuvo en su momento. Este proceso para sanar y conectar con uno mismo, nos permite tener un AUTOCONOCIMIENTO, para detectar creencias limitantes, conductas o patrones repetitivas y logro de metas personales y profesionales.

Muchas conductas las venimos trayendo de nuestra infancia de manera inconsciente, es cuestión de ponernos a pensar si todo lo aprendido esta bien para nuestro desarrollo personal, si lo que traemos con nosotros nos ayuda a ser lo que queremos ser y si tenemos algo que trabajar y sanar.

También podemos ponernos a pensar como éramos de niños y crear un “recurso creativo”, actividades que nos conecten con esa imaginación y esa creatividad.

Las emociones y pensamientos determinan respuestas y comportamientos adultos a veces de forma inconsciente.

En las relaciones puede manifestarse en problemas para la confianza, para marcar límites o expresar necesidades emocionales.

En las creencias limitantes, las carencias y miedos de la infancia pueden traducirse en creencias como, “ no puedo , no se “, que limitan al adulto.

A medida que vamos creciendo, vamos “acumulando” las que llamamos “heridas emocionales”, algunas más superficiales, otras un poco más dolorosas, traumáticas, heridas que impactan y dejan una marca. La mayoría vienen de la infancia, donde somos una esponja, un papel en blanco, donde cada vivencia va enseñando y moldeando.

El termino “niño interior herido”, es un concepto importante a trabajar a la hora de enfocarnos en el bienestar emocional y en el crecimiento personal. Hace referencia a esas heridas o partes que quedaron olvidadas en nuestra infancia.

Estos temas inconclusos pueden resonar en la vida adulta, en nuestras emociones, en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, hasta de manera inconsciente.

Como se trabaja este recurso desde el coaching Ontológico?

•Reconociendo y aceptando, se trata de reconocerlo y darle un espacio seguro al niño, validando sus experiencias pasadas.
•Escuchar y comprender, se busca comprender las necesidades, miedos y bloqueos que el niño puede experimentar.

•Establecer una relación de amistad, el adulto se compromete a ser su cuidador brindando al niño interior el amor, la protección y el cuidado que necesita.

•Sanar heridas: se trabajan para reparar las vivencias no resueltas, liberando el dolor y ayudando al niño a sanar para poder mirar al futuro.

•Reconectar con el presente a través de herramienta como la visualización y el juego, se facilita un diálogo para integrar esta parte de la psiquis y liberar patrones limitantes.

Coaching Life

Coach Julieta Rodriguez Leal

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